La querella del magistrado Varela

Tras la querella del magistrado Varela, es necesaria la continuidad del proceso, aun a costa de poder aparecer dicho Magistrado como el autor intelectual indirecto de un escrito de acusación (de parte). Ante lo cuestionable de estos avatares procesales, como ya apuntamos el abogado del Juez Garzón ha interpuesto un recurso de apelación planteando la nulidad de las resoluciones del Magistrado Varela de 20 y 21 de abril, al tiempo que presentaba un escrito solicitando su recusación por manifiesto interés “indirecto” en la causa, al haber favorecido a estas acusaciones. El mismo día el Ministerio Fiscal anunciaba su intención de recurrir dichas resoluciones, considerando que la decisión de “auxiliar” a las acusaciones y darles un nuevo plazo para su acusación, y de sugerirles el contenido de sus escritos, ha de ser dejada sin efecto. El Fiscal solicitó la suspensión del plazo para recurrir dichas resoluciones. Sin embargo, el Magistrado Varela -cuya recusación ya había sido presentada y publicitada- le denegó tal suspensión. Es decir, mientras que a Falange y ML les había otorgado un plazo extraordinario no previsto por la ley (que éstos ni siquiera habían solicitado para subsanar sus escritos de acusación), al Ministerio Fiscal le niega una petición razonable y legal de suspender el plazo para recurrir sus dos resoluciones, poniendo por tanto trabas para que el Fiscal impugne y recurra su decisión de “orientar” las acusaciones de las partes.Por todo ello, es muy válido insistir, como lo hace el Jurista Antonio Doñate, en varias preguntas capitales: ¿qué está sucediendo con la tutela judicial efectiva en este proceso? ¿Por qué el hipergarantismo judicial del que el Magistrado Varela ha hecho gala respecto a los querellantes toma un cariz radicalmente divergente si se trata del Fiscal y la defensa? Y más importante aún, ¿qué espera el Tribunal Supremo para hacerse cargo de esta situación?

Tutela judicial de los jueces

La tutela judicial de los jueces es algo que siempre ha estado en entredicho. Nos hemos referido con anterioridad, en este espacio, a la forma en que el Magistrado Varela, quien instruye la causa contra el Juez Garzón, en su auto de fecha 3 de febrero, indicaba notoriamente el camino a seguir por los querellantes en sus respectivos escritos de acusación. Efectivamente, tan era así, que el colectivo Manos Limpias (ML), hizo posteriormente un flagrante “plagio” del Auto del Magistrado (incluyendo incluso faltas tipográficas y de ortografía). Este hecho ha supuesto el detonante de su temporal apartamiento hasta que se resuelva la recusación planteada por la defensa del Juez Garzón. Dentro del plazo fijado en la Providencia, ML presentó un segundo escrito de acusación (considerablemente reducido de 85 a 18 páginas) en los términos dispuestos por aquella. En su escrito, ML “obedece” al Magistrado-Instructor, al “formular con probabilidad suficiente” (como rezaba el Auto de Varela) en lugar de “imputar inequívocamente”, como debe establecerse en todo escrito de acusación. Esto pone en entredicho la tutela judicial de los jueces, y lo que ML ha conseguido con esto, es reforzar la sospecha acerca de la imparcialidad del Instructor, quien permitió la subsanación, en segundo requerimiento, en virtud de su Providencia de 21 de abril. Por otro lado, el escrito de ML seguía adoleciendo de una grave omisión: continuaba sosteniendo la “mera” afirmación de que el acusado actuaba a sabiendas; lo que finalmente se solucionó mediante un tercer escrito donde se reitera nuevamente que ML actúa “en cumplimiento de la Providencia de 21 de abril de 2010”; para concluir “que el acusado ha actuado dictando las resoluciones referidas en los puntos anteriores a sabiendas de su injusticia”.Una cuestión central que revelan estos hechos, es la original debilidad sustantiva de la imputación contra el Juez Garzón y explica, o hace más comprensible, por qué el Magistrado Varela se expuso de forma tan obvia a un recurso de nulidad (cuya respuesta por parte de la Sala Segunda, parece aun más complicada que la de la posible apelación contra el Auto de 7 abril); arriesgándose también, como así ha resultado, a ser recusado. Aunque en el caso de Falange, su expulsión del proceso puede interpretarse como un intento de no arriesgar la causa por la legitimidad o ilegitimidad política de dicho acusador popular -debido a las duras críticas recibidas a nivel internacional-, el Magistrado Varela se vió forzado a continuar sosteniendo la causa sobre la base de la acusación de ML, pese, por decir lo menos, a la falta de “creatividad” jurídica de este querellante.